Hay salas que se miden por cuánta gente juntan y otras por cuánto se acuerdan de ti. El canal #cuba es de las segundas. Su máximo histórico rondan la veintena de personas conectadas a la vez, una cifra modesta al lado de los canales grandes, y precisamente por eso funciona de otra manera: aquí no hay que pelear por atención, basta con saludar.
Lo pequeño tiene sus ventajas
En un canal de mil personas eres un apodo entre muchos; en uno de veinte, en dos días ya formas parte del paisaje. Las conversaciones duran más, se retoman de un día para otro y la gente pregunta por lo que contaste la vez anterior. Quien busca charla larga y no ruido suele quedarse.
También hay que ser honestos con el reverso: si entras a una hora floja puede que encuentres la sala en silencio. No es señal de que esté muerta, sino de su tamaño. Por eso al entrar se abre a la vez #latinoamerica, un canal mucho más poblado —más de 400 personas de máximo— donde esperar a que alguien aparezca sin quedarse mirando una pantalla vacía.
Dentro y fuera de la isla
Buena parte de quien escribe no está en Cuba. La comunidad cubana repartida por España, Estados Unidos, México o el resto del Caribe usa este tipo de salas para lo que siempre han servido: escuchar el modo de hablar propio, comentar cosas de casa, saber de gente. Los que sí escriben desde la isla aportan la otra mitad de la conversación, y ese contraste entre el que se fue y el que se quedó es el tema de fondo que aparece una y otra vez sin que nadie lo proponga.
Al margen de eso se habla de lo mismo que en cualquier sala: música, comida, trabajo, series, quejas y bromas.
Sobre el nombre “Latinchat”
Aquel chat web fue de los más conocidos entre hispanohablantes y todavía hay quien teclea su nombre buscando volver. Conviene decirlo claro: ForoChat no es ese servicio ni su heredero. Coincide en la forma —salas en español, sin cuenta, entrando con un apodo— y en poco más.
El tercer canal que se abre, #latinchat, existe de verdad pero con apenas seis personas de tope: está ahí como guiño, no como sala principal. Para entrar solo hace falta pensar un apodo; no hay correo, contraseña ni descarga de por medio.