Puerto Rico tiene una particularidad que condiciona cualquier sala suya: hay una comunidad puertorriqueña enorme viviendo en el continente, y en un chat eso se nota desde el primer mensaje. Aquí no existe la separación clásica entre “los de dentro” y “los de fuera” como tema aparte, porque la mitad de la conversación llega desde Orlando, Nueva York o Chicago y se considera igual de propia.
Una sala de encuentro, no de multitud
Conviene decir el número: el canal #puerto_rico ha llegado a tener apenas cinco personas conectadas a la vez. Es pequeño. Funciona como punto de cita más que como sala concurrida, y por eso al entrar se abre a la vez #latinoamerica, con más de 400 personas de máximo, donde siempre hay movimiento.
La rutina que mejor resultado da es participar en el canal grande y dejar dicho que estás también en el boricua. Quien lo vea y sea de la isla o de la diáspora se pasa, y a partir de ahí la conversación va sola.
El idioma que se mezcla solo
En la charla puertorriqueña el inglés y el español conviven sin frontera clara, y en la sala pasa lo mismo: una frase en español acaba con una palabra en inglés y nadie parpadea. Para quien viene de otro país hispanohablante puede resultar llamativo al principio; en dos días deja de notarlo.
Los temas van del béisbol y el baloncesto a la música, de los huracanes y sus secuelas a lo cotidiano de vivir lejos: trabajo, familia partida en dos, planes de visita. También hay mucha conversación entre quien se crió allí y quien se crió en el continente hablando de qué recuerdan distinto.
De dónde viene el nombre
Latinchat fue uno de los chats web más populares del mundo hispano en los años dos mil, y su nombre sigue apareciendo en las búsquedas. ForoChat no es aquel servicio ni su heredero, y no tiene sentido fingir lo contrario. Lo que sí mantiene es el modo de entrar de entonces: escribes un apodo, confirmas la edad y estás dentro, sin correo, sin contraseña y sin instalar nada.
El tercer canal que se abre, #latinchat, existe con apenas seis personas de tope; está ahí por su nombre, no por su tráfico.