Los veinticinco, con los números delante
Esta es la franja donde más se nota la brecha entre lo que uno creía que iba a tener a esta edad y lo que tiene. En España, el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud lleva años situando la edad media de emancipación cerca de los 30, con apenas una minoría de menores de esa edad viviendo por su cuenta: el sueldo de entrada y el precio del alquiler no dan para más. Y el INE sitúa la edad media a la maternidad por encima de los 32 años, de las más altas de Europa.
En buena parte de Latinoamérica el calendario va por otro lado. En México, Colombia o Argentina se sale antes de casa —muchas veces por pareja o por trabajo, no por cálculo— y la maternidad llega bastante antes de los 30. Por eso en esta sala coincide alguien de Valencia que sigue compartiendo piso con tres desconocidos y alguien de Rosario que ya tiene una hija de dos años. Misma edad, dos vidas que no se parecen en nada, y ahí está media conversación.
Un martes cualquiera aquí dentro
La hora fuerte llega después de cenar, cuando se acaba la jornada y todavía no da sueño. Quien escribe suele estar en el sofá, con la tele de fondo. Es fácil cruzarse con alguien que acaba de mudarse a una ciudad donde no conoce a nadie por un puesto que le apetecía y ahora descubre que los compañeros de trabajo se van a su casa a las seis. Con quien encadena contratos temporales y aún no sabe si su sector es el suyo. Con quien prepara una oposición y necesita hablar cinco minutos de algo que no sea el temario. Con quien tiene pareja estable desde hace años y ve que el grupo de siempre se está partiendo en dos bandos.
Los que hoy tienen entre 25 y 30 hicieron la carrera o los primeros trabajos con la pandemia por medio, y eso dejó una marca concreta: dos años de vida social en pausa justo en la edad en la que normalmente se construye el círculo adulto. Esa frase, dicha así, la firma mucha gente de la sala.
De qué se habla
- Trabajo: el primer contrato que no se acaba en junio, el salto de empresa, el jefe imposible, cuánto cobra cada uno (aquí se dice, en la comida familiar no).
- Dinero y vivienda: alquiler, compartir piso a los 28, volver a casa de los padres después de haberse ido, el primer plazo fijo o los primeros ahorros.
- Ligar sin prisa: a esta edad se detecta antes a quien viene a entretenerse un rato, y nadie te está mirando el reloj a los 26.
- Amistad de mantenimiento: cómo se sostiene un grupo cuando cada uno vive en una provincia distinta.
Una nota práctica, sin sermón: el teléfono, la dirección y cualquier cosa que suene a banco se quedan fuera del chat, por bien que vaya la charla. Si alguien insiste, se pasa a moderación y a otra cosa.
Si la franja te queda corta o grande
Con 25 recién cumplidos quizá te veas más en el chat para jóvenes o en el chat más de 20. Si ya te reconoces en las conversaciones de hipoteca, el chat más de 30 es tu terreno. Y el chat por edades enseña todas las franjas juntas para comparar antes de elegir.