Buenaventura, el puerto que mueve a Colombia
Buenaventura ocupa la costa del Pacífico colombiano en el departamento del Valle del Cauca, encajada entre la selva tropical del Chocó biogeográfico y el océano Pacífico, a unos 115 kilómetros al oeste de Cali por la carretera que sube y baja la cordillera Occidental. Con 240.387 habitantes, es la ciudad portuaria más importante del Pacífico colombiano y uno de los nudos logísticos más decisivos de toda América del Sur: por sus muelles pasa aproximadamente el sesenta por ciento de las importaciones y exportaciones de Colombia, lo que convierte a Buenaventura en el motor silencioso de la economía nacional, el punto donde las mercancías que llegan desde Asia, Europa y Norteamérica entran al país y donde el café, el azúcar, el carbón y los productos industriales colombianos salen hacia el mundo.
El puerto de Buenaventura está conectado directamente con el Canal de Panamá —a unas treinta horas de navegación— y con los grandes puertos del Pacífico asiático, lo que lo convierte en la puerta de entrada de Colombia al comercio del Pacífico, el eje marítimo que concentra la mayor parte del comercio global del siglo XXI. Esa posición estratégica ha definido la historia de la ciudad desde la época colonial y sigue definiendo su economía y su carácter. En el chat de Buenaventura la gente que trabaja en el puerto, en la logística, en el transporte y en los servicios portuarios es una parte importante de quienes se conectan, y las conversaciones sobre el trabajo, la economía local y las noticias del sector son habituales.
La ciudad se divide entre el sector insular —la isla de Cascajal, donde está el centro histórico y el puerto— y el sector continental, separados por un canal navegable. La bahía de Buenaventura, que protege el puerto de las corrientes y el oleaje abierto del Pacífico, es un ecosistema de manglar, esteros y caños que rodea la ciudad y que tiene una importancia ecológica enorme para la biodiversidad de la región.
La cultura afrocolombiana del Pacífico
Buenaventura es uno de los municipios de Colombia con mayor porcentaje de población afrodescendiente, y eso no es solo un dato estadístico: es la explicación de toda la cultura de la ciudad. La comunidad afrocolombiana del Pacífico —que en Buenaventura tiene uno de sus centros más vivos e influyentes— ha construido a lo largo de generaciones una cultura propia, mestiza en su historia pero profundamente original en su expresión, que abarca la música, la gastronomía, la espiritualidad, las formas de organización comunitaria y la relación con el entorno natural del Pacífico.
La chirimía es la música de las festividades del Pacífico colombiano: una banda formada por chirimías (flautas de caña), bombardinos, clarinetes, platillos y tambores que produce un sonido festivo, potente y reconocible que suena en las calles de Buenaventura en cada celebración. El currulao es el ritmo y la danza afropacífica por excelencia —con percusión de cununos y bombos, canto responsorial y movimientos que vienen de la memoria africana llevada al Pacífico durante la época colonial—, y es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad reconocido por la UNESCO. En Buenaventura el currulao no es un espectáculo para turistas: es música que la gente baila en las fiestas, en los barrios y en las reuniones familiares con una naturalidad que solo tiene la cultura viva.
El Festival Petronio Álvarez —el Festival de Música del Pacífico Colombiano— se celebra cada agosto en Cali, la capital del Valle, pero los protagonistas son los grupos de Buenaventura y de todo el litoral pacífico. Es el festival de música tradicional más importante del Pacífico colombiano y uno de los más significativos de toda América Latina para la música afrodescendiente. En el chat de Buenaventura, en los días previos y durante el festival, la actividad de la sala sube notablemente con recomendaciones de grupos, comentarios sobre las actuaciones y orgullo local bien fundado.
La gastronomía del Pacífico: encocado, piangua y chontaduro
La cocina de Buenaventura es la cocina del Pacífico colombiano, y no se parece a ninguna otra cocina de Colombia ni de América Latina. Su ingrediente más característico y más diferenciador es la leche de coco fresca: el coco rallado y exprimido en el momento entra en casi todos los platos principales y les da una untuosidad, un dulzor suave y una profundidad de sabor que es completamente diferente a la cocina del Caribe o del interior andino. La técnica del encocado —cocinar proteínas marinas o de río en una salsa espesa de leche de coco, ajo, cebolla, achiote y hierbas del monte— es el alma de la gastronomía pacífica.
El encocado de piangua es el plato más emblemático de la región. La piangua es un pequeño molusco negro que se recoge a mano en los manglares con las mareas bajas, principalmente por mujeres de las comunidades afrocolombianas que llevan generaciones conociendo los tiempos y los lugares de la cosecha. Cocida en leche de coco con hierbas locales, la piangua tiene un sabor marino intenso, mineral y profundo que no tiene equivalente en ningún otro marisco de Colombia. El encocado de camarón, de jaiba —el cangrejo del Pacífico— o de langostino sigue la misma técnica y produce resultados igualmente extraordinarios.
El chontaduro es la fruta más característica del Pacífico: el fruto de una palma nativa que se vende cocido en las calles de Buenaventura con sal y limón, o con miel para quienes prefieren el contraste dulce-amargo. Tiene una textura densa y harinosa, un sabor entre nuez y calabaza asada, y una carga energética que los vendedores anuncian con entusiasmo en los puestos callejeros. El borojó —otra fruta exótica del Pacífico, de pulpa oscura y sabor intensamente ácido— se usa en jugos y batidos a los que se atribuyen propiedades energizantes; es uno de los sabores más específicos del Pacífico colombiano y prácticamente imposible de encontrar fresco fuera de la región. El arroz con coco y pasas —el acompañamiento de casi todo en la mesa pacífica— cierra el perfil gastronómico de una cocina que quienes la prueban por primera vez no olvidan.
Las ballenas jorobadas y la selva del Chocó
Cada año, entre julio y noviembre, las ballenas jorobadas llegan al Pacífico colombiano desde las aguas frías de la Antártida para aparearse y dar a luz a sus crías en las aguas cálidas y protegidas de la costa. Bahía Málaga, a pocas horas al norte de Buenaventura por mar, es uno de los mejores lugares del planeta para avistamiento de ballenas: las jorobadas saltan, chocan las aletas y mueven las colas en aguas relativamente tranquilas y cercanas a la costa, lo que permite verlas desde embarcaciones pequeñas con una proximidad que en otros lugares del mundo sería imposible. En el chat de Buenaventura, entre julio y noviembre, las preguntas sobre excursiones a Bahía Málaga, horarios de lanchas y mejores meses para ver las ballenas con crías son habituales.
La selva del Chocó biogeográfico que rodea Buenaventura es considerada una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta. El Chocó es una región biogeográfica que se extiende a lo largo de la costa pacífica desde el norte de Ecuador hasta Panamá y que incluye la selva lluviosa más húmeda del hemisferio occidental: en algunas zonas llueven más de diez mil milímetros al año, lo que crea un ecosistema de biodiversidad extraordinaria con miles de especies de plantas, aves, anfibios y mamíferos que no existen en ningún otro lugar. Las playas salvajes del litoral pacífico colombiano —de arena oscura volcánica, sin urbanización, accesibles solo por barco o avioneta en muchos casos— son un destino para quienes buscan naturaleza sin adulterar, y Buenaventura es la puerta de entrada a ese mundo. En el chat de la ciudad, la gente que vive ahí conoce los caños, los esteros y los caminos del monte mejor que cualquier guía, y compartir ese conocimiento es parte de lo que hace interesante asomarse a la sala.