La ciudad del exilio y la luz
París tiene una relación histórica con los hispanohablantes que va más allá del turismo. Los republicanos españoles que salieron de España en 1939 en el Éxodo —500.000 personas que cruzaron la frontera a pie en el peor invierno del siglo— encontraron en Francia, y en París especialmente, un refugio provisional que para muchos se convirtió en el hogar definitivo. Los escritores, artistas e intelectuales del exilio español en París —Jorge Semprún, Francisco Ayala, Max Aub— dieron a la ciudad una dimensión hispanófona que el exilio latinoamericano de los años setenta multiplicó: los chilenos después del golpe de 1973, los argentinos después del golpe de 1976, los uruguayos, los brasileños del periodo militar.
Ese exilio político dejó en París una comunidad hispanohablante de raíces profundas: familias de segunda y tercera generación que tienen el español como primera lengua doméstica aunque el francés sea su lengua de trabajo y de escuela. Los barrios del 15° y el 14° arrondissement —con sus restaurantes de cocina española y latinoamericana— conservan esa memoria del exilio en los menús y en las conversaciones.
La ciudad de hoy y la comunidad hispana reciente
La migración hispanohablante reciente en París es diferente: latinoamericanos que llegan para estudiar en las Grandes Écoles y la Sorbona, para trabajar en el sector hotelero y de servicios, para construir una carrera en moda, gastronomía o tecnología. Los barrios del 18° arrondissement (Goutte d’Or, Barbès), del 19° y del 20° concentran la diversidad cultural más intensa de la capital con comunidades de África subsahariana, del Magreb, de Asia y de América Latina que coexisten en los mercados callejeros y las tiendas de los bulevares exteriores.
La vida práctica en París para un hispanohablante implica la burocracia francesa: la Carte de Séjour, la CAF (la ayuda al alquiler), la Sécurité Sociale, el contrat de travail. El chat de París recibe regularmente esas consultas prácticas y los residentes veteranos comparten su experiencia con el sistema francés, que tiene sus particularidades —la carta de recomendación que en Francia se llama «lettre de motivation», el CV de dos páginas máximo, el tuteo vs. el vouvoiement— que un recién llegado necesita aprender.
La gastronomía y los cafés
La gastronomía francesa tiene en París su máxima expresión: el croissant de mantequilla de la boulangerie de barrio, la baguette tradition horneada dos veces al día, el plat du jour del bistró con su steak-frites o su blanquette de veau, el mercado de la Rue Mouffetard o el Marché d’Aligre con sus quesos, verduras y charcutería, los cafés con su allongé y su crème que la gente toma de pie en la barra.
El vino en París se bebe con la seriedad de un país que produce los mejores vinos del mundo: el bistró de barrio tiene su carte des vins con un Beaujolais nouveau de noviembre que cuesta lo mismo que un café y con un Bourgogne de reserva que cuesta lo mismo que el alquiler. Los hispanohablantes en París aprenden rápido que pedir «un vino» sin especificidad no funciona: hay que decir la región, la uva, el año.
Los museos y la vida cultural
Los museos de París son gratuitos para menores de 26 años de la Unión Europea y tienen tarifas muy razonables para el resto: el Louvre (con la Mona Lisa al fondo de una cola de turistas y los Vermeer vacíos en las salas laterales), el Musée d’Orsay con los impresionistas, el Centre Pompidou con el arte moderno y contemporáneo, y decenas de museos temáticos desde la moda hasta la historia natural. La agenda cultural de París —teatro, ópera, conciertos, exposiciones— es la más densa de Europa.
Consejos para chatear
El chat de París mezcla hispanohablantes residentes con turistas hispanohablantes de paso y con franceses que hablan español. La burocracia francesa puede ser exasperante y la sala es útil para compartir experiencias y consejos. Los parisinos tienen fama de distantes pero se abren con facilidad a quien intenta el francés; el español es la segunda lengua más hablada en la ciudad después del árabe. No compartas datos personales con desconocidos.