Chuquicamata, la mina que define a Calama
Chuquicamata no es solo una mina: es un cráter de 4,3 km de largo, 3 km de ancho y más de 850 metros de profundidad visible desde el espacio, el mayor tajo abierto que la minería del cobre ha producido en la historia humana. CODELCO —la empresa estatal chilena que opera Chuqui, como la llaman en la región— extrae aquí el 10% del cobre que consume el mundo. La mina tiene su propio pueblo-campamento, Chuquicamata, que en 2007 fue trasladado forzosamente a Calama cuando los gases de fundición hicieron insostenible vivir en el interior del recinto minero: los 12.000 habitantes del campamento llegaron de golpe a Calama y cambiaron la fisonomía de la ciudad.
El ciclo de vida de Calama es el de la minería: los turnos de 4 días adentro y 3 afuera o de 7x7 marcan el calendario de la ciudad. Los trabajadores que viven en régimen —semanas completas en la faena— llegan a Calama cada descanso dispuestos a gastar: restaurantes llenos, comercio animado, reuniones familiares. El salario minero, superior a la media chilena, sostiene una economía local con alto poder adquisitivo en comparación con otras ciudades del mismo tamaño.
La puerta del Atacama
Calama es también la entrada al desierto de Atacama y el punto de partida hacia San Pedro de Atacama, el pueblo altiplánico que concentra la mayor oferta turística del norte de Chile. El aeropuerto El Loa recibe vuelos diarios desde Santiago, Antofagasta y Lima, y desde ahí buses y transfers suben los 100 km hasta San Pedro a 2.400 metros de altitud. El Valle de la Luna, el Salar de Atacama —con sus flamencos rosados—, los géiseres del Tatio y las lagunas altiplánicas son destinos que los calamatinos conocen bien: muchos trabajan en turismo o en los servicios de apoyo a la industria de visitas.
El río Loa, el más largo de Chile, atraviesa Calama y fue durante milenios la fuente de agua que hizo posible la ocupación humana del desierto: las comunidades atacameñas y aymara regaron sus chacras con sus aguas antes de que la minería y los acueductos del siglo XX compitieran con ellos por cada litro. El conflicto por el agua —quién tiene derecho al Loa en el desierto más árido del planeta— es uno de los temas más candentes en la sala.
Diversidad cultural en la ciudad minera
Calama concentra en pocos kilómetros cuadrados una diversidad que raramente se ve en ciudades de su tamaño: chilenos del sur que llegaron a trabajar en Chuqui, comunidades atacameñas y aymara con siglos de historia en el desierto, peruanos y bolivianos que cruzaron la frontera para trabajar en la minería y en el comercio informal, y los ingenieros y técnicos extranjeros —australianos, canadienses, alemanes— que CODELCO contrata para la minería de alta tecnología. El comercio de la calle Ramírez y los alrededores de la terminal de buses tiene esa mezcla de feria andina —quínoa, papa morada, hierbas medicinales— con tiendas de equipamiento minero y electrónica importada.
La Feria Modelo de Calama, el mercado popular más grande de la región, es el centro de esa mezcla: verduras que llegaron de Bolivia esa mañana, pescado que subió del puerto de Tocopilla o Mejillones, y las sopaipillas pasadas en aceite que la señora de la esquina vende desde las seis de la mañana.
Consejos para chatear
Calama tiene el carácter directo y trabajador del norte minero chileno: gente que no tiene tiempo que perder y que valora la honestidad. La sala conecta calamatinos de los distintos barrios —El Loa, Baquedano, Villa Ayquina— con los trabajadores en faena que aprovechan el descanso y con los que emigraron a Antofagasta o Santiago pero mantienen sus lazos. No compartas datos personales con desconocidos.