Campeche, la ciudad amurallada del Golfo de México
San Francisco de Campeche se asienta frente al Golfo de México en el extremo occidental de la Península de Yucatán, capital del estado de Campeche, con 220.389 habitantes. Su nombre proviene de las palabras mayas Ah Kin Pech —“lugar del señor garrapata y la serpiente”— y fue uno de los primeros puertos importantes de la Nueva España en el Golfo. Lo que la distingue de todas las demás capitales mexicanas es su recinto amurallado: una muralla continua con ocho baluartes y dos puertas terrestres construida a finales del siglo XVII que todavía rodea el centro histórico y define la forma de caminar por la ciudad. Ese conjunto —las murallas, los baluartes, las casas de colores, las iglesias barrocas y el malecón frente al mar— le valió la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, junto con el sistema de fuertes y defensas de la costa. En el chat de Campeche se mezclan campechanos de toda la vida, estudiantes de la UACAM, gente de los municipios del estado y visitantes que llegan atraídos por la historia y la tranquilidad de una ciudad que no tiene el ritmo frenético de otras capitales mexicanas.
Piratas, baluartes y la muralla que sobrevivió tres siglos
Durante el siglo XVII, Campeche era el puerto de salida de las mercancías más valiosas de la región —maderas preciosas, especias, plata— y eso la convirtió en objetivo prioritario de los piratas del Golfo. Los ataques fueron repetidos y devastadores: en 1663, el pirata Lorencillo —Laurent de Graaf, el más temido del Caribe— saqueó la ciudad durante veinticuatro horas seguidas, torturó a la población y se llevó un botín enorme. Francis Drake y John Hawkins también dejaron rastro en las costas campechanas en décadas anteriores. La respuesta de la Corona española llegó en 1686 con el inicio de la construcción del recinto amurallado: un hexágono irregular de muros de piedra de más de dos metros de espesor con ocho baluartes en las esquinas, cada uno con nombre de santo, diseñados para instalar cañones y resistir asaltos navales. El Baluarte de San Carlos, hoy Museo de la Ciudad, y el Baluarte de la Soledad, que alberga el Museo de Arquitectura Maya con estelas y piezas de Calakmul, son los más visitados. La Puerta de Tierra y la Puerta del Mar eran los dos accesos al recinto para quienes llegaban por tierra o por el embarcadero. Caminar sobre la muralla al atardecer, con el sol cayendo sobre el Golfo de México, es uno de los planes más sencillos y más recomendados de la ciudad.
Los colores de Campeche y el centro histórico
Campeche es conocida en todo México y fuera por los colores de sus casas coloniales: fachadas pintadas en azul índigo, ocre amarillo, verde esmeralda, rosa mexicano, naranja y rojo óxido, todas con zócalos de un tono diferente al de la pared principal, puertas de madera labrada y ventanas con rejas de hierro forjado. Esta paleta de color no es decorativa ni reciente: responde a una tradición colonial de identificar las casas de las familias prominentes con colores propios, consolidada y restaurada con criterio en las décadas recientes. Las calles del centro histórico —la calle 59, la calle 57, la calle 55— forman un damero donde cada cuadra ofrece una combinación diferente de colores. La Catedral de la Inmaculada Concepción, de fachada barroca austera en piedra gris, contrasta con el colorido del entorno en el lado norte de la Plaza de la Independencia. El Malecón de Campeche, un paseo de varios kilómetros frente al Golfo reconstruido y ampliado, es el lugar de reunión vespertino y nocturno de los campechanos: familias, parejas, deportistas y personas mayores conviven al ritmo lento del Golfo. La fotografía del centro histórico de Campeche —las murallas, los colores, el mar al fondo— es una de las más reconocibles de México.
Gastronomía campechana: cazón, camarones y pan campechano
La cocina de Campeche es una de las más originales de la Península de Yucatán, anclada en la despensa del Golfo de México y en la tradición maya. El pan de cazón —capas de tortilla, cazón guisado y frijoles negros con salsa de habanero— es el plato emblema de la ciudad, presente en todas las fondas del Mercado Principal. Los camarones del Golfo, grandes y de carne firme, se preparan en caldo, al ajillo, en tacos y en ceviches con naranja agria. El relleno negro —un guiso de pavo o cerdo con una pasta oscura hecha de chile chilhuacle negro quemado y especias— es el plato festivo por excelencia en bodas y cumpleaños. Los panuchos campechanos —tortillas fritas rellenas de frijoles negros cubiertos de pavo o pollo deshebrado, pepita y cebolla morada encurtida— y la cochinita pibil —cerdo marinado en achiote y naranja agria, cocido lento en hoyo de tierra— comparten espacio con la influencia yucateca en los mercados. Y en las panaderías del centro, el pan campechano —un bizcocho mantecoso de masa hojaldrada, conocido en toda la Península como “campechana”— tiene fama regional y se lleva como regalo a quienes visitan la ciudad. La sopa de lima —caldo de pollo con tiras de tortilla frita, chile dulce y lima yucateca— cierra el panorama de una mesa campechana que nunca deja a nadie con hambre. La Universidad Autónoma de Campeche (UACAM) anima la vida estudiantil de la ciudad y aporta al chat una parte joven y activa de la conversación.