Pisco, dunas y geoglifos: Ica concentra tres maravillas en un mismo desierto
Ica ocupa un lugar singular en el mapa peruano: es una ciudad de 282.407 habitantes instalada en medio del desierto costero más árido del mundo, el que forma la corriente fría de Humboldt a lo largo de toda la costa del Pacífico. Pero ese desierto no es vacío: es el escenario de tres fenómenos que no aparecen juntos en ningún otro lugar del planeta.
El primero es el pisco. Los valles de Ica y Chincha tienen tradición vitivinícola desde la época colonial, y el aguardiente de uva que aquí se produce lleva el nombre del puerto de Pisco —también en la región Ica— desde hace siglos. Las haciendas pisqueras más conocidas del Perú están aquí: Vista Alegre, El Catador y La Caravedo reciben visitas, hacen tours por sus bodegas y ofrecen catas. El enoturismo en Ica no es una moda reciente: es una industria que combina viñedos de uva quebranta, uva italia y torontel con destilación en alambiques de cobre y crianza en recipientes de arcilla llamados piscos o botijas.
El segundo fenómeno es la Huacachina: un oasis de verdad, con laguna y palmeras, rodeado de dunas de hasta 100 metros de altura, a solo cinco kilómetros del centro de Ica. Los buggies de arena y el sandboarding son las actividades que llevan turistas de todo el mundo, pero el paisaje en sí —la laguna verde reflejando las dunas al atardecer— es lo que nadie olvida.
Y el tercero son las Líneas de Nazca, a 130 kilómetros al sur: los geoglifos gigantescos trazados en el desierto hace más de 2.000 años, visibles solo desde el aire. Ica es la base logística más cómoda para quienes quieren volar sobre ellas.
Viñedos en el desierto: cómo el agua de los Andes hace posible el pisco
El aparente contrasentido de producir uva en el desierto se explica por la geografía: los ríos Ica y Chincha bajan desde los Andes cargados de agua de deshielo y riegan valles fértiles que contrastan radicalmente con las arenas que los rodean. Esa combinación de suelo arenoso, sol intenso, noches frías y agua andina produce uvas de azúcar concentrada, perfectas para un aguardiente de alta graduación como el pisco.
Las bodegas de Ica mezclan lo artesanal y lo moderno: algunas familias siguen pisando la uva con los pies y fermentando en tinajas de barro enterradas, igual que hace cuatro siglos. Otras han incorporado tecnología enológica italiana o española, pero mantienen las variedades de uva locales. El resultado es un destilado que el Perú defiende como propio con denominación de origen —frente a la versión chilena— y que en las últimas décadas ha ganado presencia internacional.
El momento más visible de esta cultura es el Festival Internacional de la Vendimia de Ica, que se celebra en marzo y convierte la ciudad en un escenario de música, danza, elección de reina y degustación masiva de pisco y vino. Es la fiesta más grande de la región.
El terremoto de 2007 y la reconstrucción de Ica
El 15 de agosto de 2007, un terremoto de 7,9 grados Richter sacudió la costa sur del Perú. El epicentro estuvo frente a Pisco, en el mar, pero Ica sintió el impacto de manera brutal: cientos de edificios se derrumbaron, el hospital regional quedó inutilizable y barrios enteros sufrieron daños estructurales graves. La ciudad de Pisco, a 70 kilómetros al norte, quedó prácticamente destruida.
La reconstrucción de Ica duró años y cambió partes importantes de la ciudad. Algunos barrios históricos no se recuperaron del todo. El sismo dejó una marca en la memoria colectiva iqueña que todavía aparece en conversaciones cotidianas: dónde estabas ese día, qué se perdió, qué se reconstruyó distinto. En el chat de Ica, ese episodio aflora de vez en cuando como parte de la identidad compartida.
La mesa de Ica: pallares, tejas y sopa seca
La gastronomía de Ica tiene personalidad propia. El ingrediente más característico es el pallar iqueño, un frijol grande de color crema con manchas moradas que se cultiva en la región desde tiempos prehispánicos. El picante de pallares —guisado en salsa de ají amarillo y hierbabuena— es un plato que en Ica se come en casa y en las chicherías con una frecuencia que no tiene equivalente en otras ciudades del Perú.
El plato festivo por excelencia es la sopa seca con carapulcra: dos preparaciones que se sirven juntas en bodas, bautizos y fiestas de barrio. La sopa seca es una pasta seca con fideos y pollo; la carapulcra es un guiso de papa seca con cerdo y maní. Juntas forman un plato contundente que Ica comparte con Lima como herencia de las haciendas coloniales.
Y el dulce que define a Ica son las tejas: pequeñas piezas de azúcar fondant rellenas de manjar blanco, pecana, limón o naranja, envueltas en papel de colores. Son el souvenir comestible que nadie vuelve a olvidar una vez que lo prueba, y las mejores se compran en las dulcerías del centro de Ica o en los puestos del mercado.
En el chat de Ica —con 2.871 visitas registradas y 51 votos de la sala— coinciden iqueños de siempre, estudiantes universitarios, viajeros que pasaron por Huacachina y se quedaron, y gente de la costa sur que conecta con las salas #ica, #peru, #amistad y #ocio. Sin registro, desde cualquier dispositivo.