El ciclo del salitre: cuando Iquique fue la ciudad más rica del mundo
Hay algo difícil de imaginar cuando caminas hoy por el centro histórico de Iquique, con sus edificios de madera victoriana pintados de colores, su plaza de armas y su Casino Español de estilo morisco: que esta ciudad portuaria en el extremo norte del desierto de Atacama fue, durante medio siglo, una de las más ricas del planeta.
El nitrato de sodio —el salitre— era el fertilizante que hacía producir los campos de Europa y América antes de que existiera la síntesis industrial del amoniaco. Y la mayor reserva de salitre del mundo estaba en el desierto de Tarapacá, a pocos kilómetros de Iquique. Desde los años 1870 hasta el colapso del mercado en la década de 1930, el ciclo del salitre hizo de Iquique el puerto de salida de esa riqueza mineral. Las compañías inglesas construyeron mansiones, teatros, hoteles y el hipódromo. La ciudad tuvo agua corriente, electricidad y tranvías antes que muchas capitales latinoamericanas. Los cementerios de Iquique, con sus mausoleos de mármol europeo, son el archivo en piedra de ese esplendor.
La invención del proceso Haber-Bosch en 1909 —la síntesis industrial del nitrógeno para fertilizantes— condenó al salitre natural a la obsolescencia. La Primera y Segunda Guerra Mundial aceleraron el hundimiento. Las oficinas salitreras se fueron cerrando una a una. Iquique perdió su centralidad económica pero conservó los edificios, la memoria y una identidad marcada por saber que alguna vez el mundo entero dependió de lo que salía de este desierto.
Humberstone y Santa Laura: el desierto que conserva el pasado en pie
A 47 kilómetros al este de Iquique, en el altiplano del desierto de Atacama, el tiempo se detuvo. Las antiguas oficinas salitreras de Humberstone y Santa Laura son hoy las ruinas habitadas más impresionantes de Chile y uno de los sitios Patrimonio de la Humanidad UNESCO más insólitos de América del Sur.
En su apogeo, Humberstone —llamada originalmente La Palma y renombrada en honor al ingeniero James Thomas Humberstone— llegó a albergar más de 3.500 trabajadores y sus familias. El recinto era prácticamente una ciudad autónoma: tenía teatro con escenario y palcos de madera, piscina con trampolín alimentada con agua del mar que desalaban ellos mismos, hotel, cantina, iglesia, escuelas, pulpería y hasta un mercado. La vida en la pampa era dura —el calor extremo, el aislamiento, los salarios pagados en fichas solo válidas en la pulpería de la compañía—, pero la comunidad salitrера generó una cultura propia, fiestas, bailes y solidaridades que están en el origen del movimiento obrero chileno.
Santa Laura, a pocos cientos de metros, conserva intacta la maquinaria del proceso de extracción del nitrato: las enormes lixiviadoras de metal oxidado, los rieles por donde circulaban los vagones cargados de caliche, el olor ausente del yodo y el nitrato que impregnaba todo. La UNESCO declaró ambas oficinas Patrimonio de la Humanidad en 2005, reconociendo que son testimonio único de una industria que desapareció casi en su totalidad. Lo que hay allí —los teatros con butacas todavía en su sitio, los hoteles con las ventanas cerradas, las habitaciones de los trabajadores con los restos de los muebles— es el museo más melancólico del norte chileno.
La ZOFRI, el Pacífico y el parapente en duna
La Zona Franca de Iquique —la ZOFRI— es la otra cara de la historia económica de la ciudad. Creada en 1975 para dinamizar una región que nunca terminó de recuperarse del colapso salitrero, se convirtió en la zona de libre comercio más importante de Sudamérica para importaciones de consumo. Sin aranceles, los precios de electrónica, ropa, licores, electrodomésticos y perfumes son lo suficientemente bajos como para que iquiqueños, antofagastinos, bolivianos y peruanos crucen el desierto y la frontera solo para comprar. La ZOFRI tiene su propio recinto con cientos de locales, su propia logística de importación y es hoy uno de los pilares de la economía regional.
Pero Iquique también tiene playa y viento. La Playa Cavancha, en pleno centro de la ciudad, tiene olas para surf y arena fina con la ciudad al fondo —una postal que cuesta creer que exista a pocos metros de uno de los desiertos más áridos del planeta. Y a espaldas de la ciudad, las dunas enormes que bajan hacia el Pacífico generan las corrientes de aire ascendente que han convertido a Iquique en uno de los destinos más reconocidos del mundo para el parapente en duna: correr cuesta abajo por la arena, abrir el paracaídas y planear sobre el mar mientras la ciudad queda abajo es una experiencia que atrae a pilotos de toda América del Sur. El kitesurf y el windsurf tienen también en las costas de Iquique condiciones excepcionales por las mismas razones de viento.
El clima añade un atractivo propio: en Iquique prácticamente nunca llueve —los registros hablan de años enteros sin precipitaciones—, y la temperatura es templada todo el año gracias a la corriente de Humboldt, que enfría el Pacífico frente a la costa y evita los calores extremos que se esperarían a esta latitud desértica. El sol es casi constante.
A quién vas a encontrar en el chat de Iquique
La sala de Iquique refleja lo que es la ciudad hoy: un puerto activo del norte, una comunidad diversa —con una presencia grande de migrantes bolivianos, peruanos y colombianos que han enriquecido la cultura local— y gente con identidad norteña bien marcada. Se habla de los planes del fin de semana, de las novedades de la ZOFRI, de la gastronomía del norte grande —el ceviche con influencia peruana, las machas, los piures, los erizos del Pacífico, la chorrillana iquiqueña, las sopas bolivianas que llevan décadas en la mesa local—, del surf en Cavancha o de hacer una excursión a Humberstone.
Con 49 votos y casi 1.200 visitas registradas, la sala tiene un movimiento constante. Hay iquiqueños de toda la vida, trabajadores llegados del sur de Chile o del extranjero, estudiantes y gente de paso que quiere orientarse antes de llegar. El chat funciona sin registro: entras con un nick desde el móvil o el ordenador, te unes a la sala de Iquique o a los canales de chile, amistad y ocio, y la conversación ya está ahí.