Montería: la capital ganadera que vive al ritmo del Sinú
Montería no es una ciudad que aparezca en los primeros lugares de ninguna lista turística colombiana, y precisamente eso explica su carácter. Capital del departamento de Córdoba, a orillas del río Sinú, con casi 491.000 habitantes y un calor que en los meses pico supera los 40 °C, Montería es una ciudad que funciona con su propia lógica y que no le debe el pulso a nadie de afuera. La llaman la Perla del Sinú: el río que la cruza es el eje de la vida social, el punto de referencia del espacio urbano y el motivo del apodo que sus habitantes usan sin ironía.
El paseo del Sinú es la costanera fluvial de la ciudad: un corredor verde a la orilla del río donde conviven familias paseando, jóvenes en bicicleta, vendedores de jugos, adultos mayores en las bancas y la brisa del agua que es, en los meses más duros, el único alivio natural al calor. El paseo es el corazón social de Montería de una manera que pocas ciudades colombianas tienen: no es un espacio turístico ni un proyecto de renovación reciente, sino el lugar donde siempre se ha ido a caminar, a encontrarse, a ver pasar el tiempo. En el chat de la ciudad ese espacio aparece como referencia constante: “¿quedamos en el Sinú?” es una forma de quedar que todos entienden.
El calor de Montería es un dato que define la vida cotidiana más que cualquier otro factor. Con temperaturas que oscilan entre 28 y 40 °C a lo largo del año y una humedad que pesa, la ciudad desarrolló sus propios ritmos: se madruga para los mandados, se hace siesta cuando el sol cae a plomo y la vida nocturna arranca tarde porque el fresco de la noche es demasiado valioso para desperdiciarlo. Quien llega de Bogotá o de ciudades más altas tarda unos días en ajustarse; quien nació en Montería lo vive con normalidad total y a veces con una forma particular de orgullo —la resistencia al calor como seña de identidad.
La ganadería: el motor económico que define la ciudad
Córdoba es el departamento ganadero por excelencia de Colombia, y Montería es su capital en todos los sentidos. La economía cordobesa gira en torno al ganado bovino: hatos ganaderos que se extienden por miles de hectáreas, ferias y exposiciones de ganado que son eventos sociales de primer orden, industria de la carne y producción de quesos que abastece a todo el país. Cuando alguien dice que es de Montería, en Colombia hay una imagen asociada que tiene que ver con el campo, los animales y la ganadería extensiva.
Eso no significa que la ciudad sea rural: Montería es una ciudad con centros comerciales, universidades, hospitales y una clase media urbana consolidada. Pero la ganadería impregna la cultura de una manera que va más allá de la economía. Los apellidos de familias que manejan grandes hatos tienen peso social. Las ferias ganaderas son encuentros donde se hacen negocios pero también política y relaciones. Y la gastronomía local lleva esa huella de forma muy concreta: la carne de res en todas sus formas, los quesos frescos y los lácteos cordobeses son parte de lo que se come en Montería con una regularidad que no existe igual en otras partes del país.
La expansión urbana de las últimas décadas tiene también una historia más oscura: Montería creció de forma acelerada en parte por los desplazamientos forzados del conflicto armado rural que sacó a campesinos de las veredas y los concentró en la ciudad. Esa migración interna dejó barrios de periferias populosas y una mezcla de poblaciones que viene del campo cordobés y de otras partes de la costa. Más recientemente, la migración venezolana sumó otra capa al tejido social de la ciudad. Esa diversidad de orígenes se nota en el chat: hay gente que lleva toda la vida en Montería y gente que llegó hace cinco años.
El porro pelayero y las fiestas del Sinú
La identidad cultural de Montería y del departamento de Córdoba tiene en el porro pelayero su expresión musical más propia. El porro es una música de bandas de viento —bombardinos, trombones, clarinetes, platillos— con raíces afrocolombianas y campesinas que se desarrolló en los pueblos del bajo Sinú, especialmente en San Pelayo, municipio que le da nombre a la variante más conocida. Es una música festiva, procesional y bailable que suena en las fiestas patronales, en los carnavales locales y en cualquier reunión que quiera tener sabor cordobés.
Las fiestas del río Sinú son el evento cultural más importante de la ciudad: varios días de celebraciones con comparsas, reinados, música en vivo y una presencia del porro pelayero que se extiende por calles y plazas. El Festival Nacional del Porro en San Pelayo, que se celebra en junio, es el punto de encuentro de bandas de todo el país y uno de los festivales de música tradicional más reconocidos de Colombia. Para quien quiere entender a qué suena Córdoba, ese festival es la respuesta más directa.
El joropo sinuano completa el panorama musical de la región: un género emparentado con el joropo llanero pero con sus propias variantes costeras, que convive con el vallenato —omnipresente en toda la costa Caribe— y con la música urbana que llega a través de las redes. En el chat local la conversación sobre música es frecuente, especialmente cuando hay fiestas cerca.
Gastronomía del Sinú: el río en el plato
La cocina de Montería refleja su doble condición de ciudad fluvial y ganadera. El mote de queso es quizás el plato más emblemático: una sopa espesa de ñame y queso costeño, cremosa y contundente, que se sirve en las casas y en los restaurantes populares con la naturalidad de quien come algo de siempre. El sancocho de guandú —guandú es lo que en otras partes llaman gandul o frijol de palo— es otra preparación que aparece en las mesas familiares del fin de semana.
El río Sinú aporta el bagre, un pescado de río carnoso que se prepara de varias maneras: la viuda de bagre es una de las más típicas, cocida con verduras y hierbas en una preparación que cualquier monteriano reconoce de la cocina de su casa. Las carimañolas —croquetas de yuca rellenas de carne o queso— y el bollo de mazorca son preparaciones de la cocina costeña que en Montería tienen presencia cotidiana: se venden en las esquinas, en los mercados y como desayuno en muchos hogares.
El chicharrón cordobés, crujiente y generoso, acompaña casi cualquier plato. Y los quesos frescos del departamento —producidos en fincas ganaderas cercanas— son de los mejores de Colombia: el quesillo, el queso costeño y las variedades artesanales cordobesas tienen reputación en todo el país. Cuando en el chat alguien de Montería habla de comida, estos son los platos que aparecen con más orgullo y más ganas de que el interlocutor los conozca.