La cantera rosa y el Centro que la UNESCO protege
El Centro Histórico de Morelia es uno de los conjuntos arquitectónicos coloniales mejor conservados de América: más de 1.100 edificios del periodo virreinal en un radio de pocos kilómetros, casi todos construidos con la cantera volcánica de color ocre-rosado que al amanecer parece encenderse y al atardecer se vuelve dorada. La Catedral, construida entre 1660 y 1744, tiene las torres más altas del barroco mexicano: 70 metros que se ven desde cualquier punto de la ciudad. El acueducto —253 arcos que se construyeron en el siglo XVIII para traer agua desde los manantiales del cerro— es el símbolo nocturno de Morelia: iluminado, forma el telón de fondo más reproducido en fotos de la Calzada Fray Antonio de San Miguel.
El Conservatorio de las Rosas, fundado en 1743, es la escuela de música más antigua de América. El Centro Cultural Universitario aloja el Museo Regional Michoacano en un palacio del siglo XVIII donde se conservan piezas purépechas junto a objetos de la época colonial. Los morelianos conviven con ese patrimonio con naturalidad, y eso se nota: no hay turismo masivo agresivo, sino una ciudad que vive en sus calles y se asienta a tomar café en las terrazas del Portal Hidalgo como si el tiempo colonial y el presente fueran la misma cosa.
La Nicolaita, el gazpacho y la cocina michoacana
La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo —la Nicolaita— es la universidad pública más antigua de América en operación continua, fundada en 1540 por Vasco de Quiroga. Más de 70.000 estudiantes la convierten en el motor de la vida social joven de Morelia y en una presencia constante en la sala: desde quienes piden recomendaciones de departamento hasta grupos que organizan marchas o eventos culturales en el campus de la Avenida Francisco J. Mújica.
La cocina michoacana es declaración de identidad. El gazpacho moreliano —que no tiene nada que ver con el español— es una ensalada fría de jícama, pepino, mango, naranja y chile piquín que en las tardes calurosas llena de carritos de madera el zócalo y las calles del Centro; quien lo prueba por primera vez siempre vuelve. Las carnitas michoacanas, fritas en cobre en el Mercado Independencia, son las más famosas de México. Las corundas y los uchepos son tamales de maíz puro, sin relleno, que se comen con crema y salsa; los dulces de Morelia —el ate de membrillo, los dulces de leche quemada, el borracho— llenan las dulcerías de la Calle Real. La charanda, aguardiente de caña con denominación de origen michoacana, cierra bien.
La mariposa monarca y el universo purépecha
Entre noviembre y marzo, unos 200 millones de mariposas monarca llegan a los bosques de oyamel de la Sierra Madre Occidental michoacana tras una migración de 5.000 kilómetros desde Canadá y el norte de Estados Unidos. El Santuario de la Biosfera Mariposa Monarca, declarado Patrimonio de la Humanidad, queda en los municipios de Angangueo y Ocampo, a unos 120 kilómetros de Morelia: una excursión de fin de semana que los morelianos recomiendan con orgullo y que es, literalmente, uno de los espectáculos naturales más impresionantes del planeta.
La herencia purépecha —el único pueblo mesoamericano que resistió la conquista azteca— está viva en la artesanía, la gastronomía y los apellidos de la región. Pátzcuaro, a una hora de Morelia, es el centro ceremonial del lago más alto de México: el mercado de artesanías, las islas con sus pescadores de mariposa y la celebración del Día de los Muertos más famosa del país. La cerámica de Talavera de Capula, los muebles lacados de Uruapan y los textiles de Paracho rodean la ciudad con ese mundo artesano que es identidad colectiva en Michoacán.
Consejos para chatear
El moreliano tiene un trato amable y pausado, con el dejo michoacano suave y la costumbre de recibir bien al de fuera. La ciudad combina tranquilidad colonial con la energía de una gran ciudad universitaria, y eso se nota en la sala: hay conversación cultural, debates sobre política local —Michoacán tiene una vida política intensa— y planes que van desde un café en los portales hasta una excursión a las monarcas. No compartas datos personales con desconocidos y si quedan en persona, los portales del zócalo o la Calzada son los puntos de encuentro clásicos de la ciudad.