Oaxaca, la capital cultural del sur de México
Oaxaca de Juárez se asienta en un amplio valle de la Sierra Madre del Sur, a 1.550 metros de altitud, a unos 500 km al sureste de Ciudad de México. Con 255.029 habitantes, es la capital del estado del mismo nombre y uno de los centros culturales más densos e influyentes de todo el continente americano. Su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto a la zona arqueológica de Monte Albán, conserva conventos barrocos del siglo XVI, portales de cantera verde y mercados donde se mezclan lenguas zapotecas, mixtecas y el español. En el chat de Oaxaca siempre hay gente dispuesta a hablar de planes, cultura o simplemente del día a día en una ciudad que no deja indiferente a nadie.
Monte Albán y el legado zapoteca
A diez kilómetros al oeste del centro, sobre un monte artificial aplanado a mano por los propios constructores, se alza Monte Albán: la capital del Imperio Zapoteca y una de las primeras grandes ciudades de Mesoamérica (fundada hacia el 500 a.C., habitada hasta el 700 d.C.). La Gran Plaza, flanqueada por templos, plataformas y un observatorio astronómico, recibe el viento frío de la sierra desde los cuatro puntos cardinales. Frente a ella, el Edificio de los Danzantes muestra relieves de figuras humanas que los arqueólogos interpretan como cautivos o sacrificados. La visita a Monte Albán, mejor a primera hora de la mañana antes de que lleguen los grupos, es obligatoria para entender la profundidad histórica de Oaxaca. En el centro, el Museo de las Culturas de Oaxaca (en el ex-Convento de Santo Domingo) complementa la visita con piezas del tesoro de Monte Albán: las joyas de oro y jade de la Tumba 7 son de una riqueza extraordinaria.
Gastronomía oaxaqueña: los siete moles y el mercado
La cocina oaxaqueña es una de las más complejas y reconocidas del mundo, considerada parte del patrimonio inmaterial de México. Los siete moles son el corazón de la tradición culinaria: negro (con chilhuacle negro, chocolate y más de veinte ingredientes), coloradito, amarillo, verde, chichilo, manchamanteles y mole rojo. La tlayuda —una tortilla de maíz grande, semiseca y tostada, cubierta de frijoles negros, asiento de cerdo, quesillo y tasajo o cecina— es el plato más popular de la ciudad. El quesillo (queso de hebras, conocido en el resto del país como queso Oaxaca), el tejate (bebida prehispánica de cacao y maíz de los zapotecos), el chocolate oaxaqueño en tableta para disolver en agua caliente, y los chapulines (saltamontes tostados con sal, chile y limón, ricos en proteína) completan una despensa única. El Mercado 20 de Noviembre y el Mercado Benito Juárez, en el centro histórico, son los mejores lugares para comer de forma auténtica y económica. Las mezcalerías del barrio de Jalatlaco y de la calle Macedonio Alcalá ofrecen degustaciones de mezcales artesanales de distintos agaves y distintos maestros mezcaleros.
Artesanías, arte y la Guelaguetza
Oaxaca es también la capital artesanal de México. En Teotitlán del Valle, a 25 km al este, tejedores zapotecos producen tapices de lana con tintes naturales (cochinilla, índigo, pericón) siguiendo diseños geométricos de siglos de antigüedad. En San Bartolo Coyotepec se fabrica el célebre barro negro bruñido: vasijas, figuras y piezas decorativas de arcilla negra que brillan sin ningún esmalte. Las aldeas de Arrazola y San Martín Tilcajete son los centros de los alebrijes de madera: figuras fantásticas de animales policromados talladas en copal. En el mundo del arte, Oaxaca ha dado dos de los mayores pintores mexicanos del siglo XX: Rufino Tamayo (el Museo Tamayo expone su colección de arte prehispánico) y Francisco Toledo, cuya figura es inseparable del IAGO (Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca), que fundó y dotó de una biblioteca y colección únicas. La Guelaguetza de julio, con delegaciones de las ocho regiones del estado presentando danzas y trajes típicos en el Auditorio del Monte Fortín, es el momento de mayor concentración cultural del año; el Día de Muertos de noviembre, con el Panteón General cubierto de cempasúchil y comparsas por el centro histórico, es el segundo gran hito en el calendario de Oaxaca.