Salta la Linda: el colonial del noroeste
El casco histórico de Salta es el argumento de su apodo: la Plaza 9 de Julio con la Catedral Basílica y el Cabildo de arcos coloniales, la iglesia San Francisco con su campanario de ladrillos ocres y rojos —el más alto de Argentina— y el Convento de San Bernardo forman un conjunto del siglo XVII y XVIII que las guerras civiles del siglo XIX respetaron más que en otras ciudades del país. El Museo de Arqueología de Alta Montaña —el MAAM— guarda los niños del Llullaillaco, tres niños inca hallados congelados a 6.739 metros en el volcán más alto con evidencias arqueológicas del mundo: una de las piezas más impresionantes y más polémicas de la arqueología andina.
La ciudad tiene 1.187 metros de altitud en el fondo del Valle de Lerma, rodeada por cerros que los salteños tienen catalogados por nombre y por sus miradores: el Cerro San Bernardo, accesible en teleférico o a pie por 1.070 escalones, da una vista de 360 grados de la ciudad y los cerros circundantes. Ese paisaje, combinado con el clima templado de la región —veranos lluviosos con 20-25 °C de media y inviernos secos con noches frescas—, hace de Salta una ciudad que los visitantes encuentran agradable en cualquier época del año.
Las peñas de Balcarce y el folklore vivo
La calle Balcarce, al sur del centro histórico, es la arteria de la vida nocturna cultural de Salta: una sucesión de peñas folclóricas —locales donde se toca música de raíz andina y gaucha en vivo, se canta, se baila y se bebe vino del norte— que tienen más de medio siglo de vida y que son la expresión más auténtica del carácter salteño. La zamba, la chacarera, el gato y el escondido se bailan sin ironía en Balcarce; las guitarras y el bombo leguero son los instrumentos de la noche. Los salteños que viven lejos vuelven al norte para ir a Balcarce con sus amigos y sus familias cuando pueden.
El Festival de Cosquín —el evento folklórico nacional de Argentina— celebra en su palmarés a decenas de músicos salteños que aprendieron a tocar en las peñas del noroeste. Salta tiene una tradición musical que es orgullo territorial y que aparece en la conversación de la sala con naturalidad: si sale que a alguien le gusta el folklore, hay tres personas dispuestas a recomendar la mejor peña de la temporada.
Los Valles Calchaquíes, Cafayate y el Tren a las Nubes
A tres horas de Salta por la Ruta Nacional 68 —con el Cañón del Río de las Conchas, que la geología pintó de rojos, amarillos y violetas—, están los Valles Calchaquíes: una sucesión de valles a 1.600-2.000 metros de altitud donde los diaguitas y los inca construyeron sus pueblos y donde hoy se produce el torrontés riojano, la uva blanca más característica de Argentina. Cafayate, el centro vitivinícola del valle, tiene bodegas que se pueden visitar a pie y un vino torrontés con aroma floral único en el mundo. Las bodega Nanni, Etchart o la cooperativa artesanal son referencias que los salteños conocen bien.
Cachi, al norte por la Ruta 40, es un pueblo de adobe a 2.280 metros con la Sierra Nevada de Cachi nevada al fondo que aparece en todos los calendarios de turismo de la Argentina. El Tren a las Nubes, el ferrocarril que asciende desde Salta a 4.220 metros de altitud en el viaducto de La Polvorilla cruzando la Quebrada del Toro, es el plan ferroviario más espectacular de Argentina: 13 puentes, 21 túneles y una curva helicoidal que hizo famosa la ingeniería ferroviaria argentina en el mundo.
Las empanadas de carne cortada a cuchillo y la cocina del norte
Las empanadas salteñas son la referencia nacional en Argentina: masa de harina más tierna que las de Tucumán, relleno de carne vacuna cortada a cuchillo (no molida) con papa, cebolla de verdeo, comino y ají molido, y el repulgo de catorce dobleces que es la marca del sur de la casa. Los hornos de barro tradicionales les dan un tostado que el horno de gas no iguala. Los salteños tienen sus favoritas de las empanaderías del mercado o del barrio y la discusión sobre cuál tiene el mejor relleno puede durar toda la sobremesa.
El locro norteño, los tamales de maíz andino, la humita en chala, el mondongo a la riojana y el queso de cabra de los valles completan una cocina regional que los salteños cuidan y que sale en la conversación como identidad.
Consejos para chatear
El salteño tiene un trato cordial y hospitalario con el de afuera, con el acento de las provincias del norte argentino y el voseo rioplatense adaptado a las cadencias andinas. Las peñas, las empanadas y los Valles Calchaquíes son siempre buenos rompehielos. No compartas datos personales con desconocidos y si quedan en persona, la plaza 9 de Julio o un café de la peatonal son los puntos de referencia del centro.