El Centro Histórico: cantera y plata vieja
El Centro Histórico de San Luis Potosí es un conjunto barroco novohispano que rivaliza con los de Oaxaca o Guanajuato en densidad de palacios y templos. La Plaza de Armas, con la Catedral Metropolitana de dos torres y el Palacio de Gobierno donde Benito Juárez estableció su gobierno republicano itinerante durante la Intervención Francesa, es el corazón de la ciudad. A dos cuadras está la Plaza de San Francisco con su claustro franciscano del siglo XVII; a tres, la Plaza del Carmen y el Templo del Carmen, de churrigueresco exuberante. El Teatro de la Paz, inaugurado en 1894, es uno de los teatros del porfiriato más bellos que quedan en México y sigue siendo activo.
La arquitectura no es solo patrimonio turístico: los potosinos viven en y alrededor de esos edificios con normalidad. Las casas de los callejones del Centro tienen portales de cantera con flores, y los cafés y restaurantes que ocupan los palacios del siglo XVIII dan a la ciudad ese ambiente de elegancia usada que hace de San Luis Potosí una de las ciudades más agradables del Altiplano para pasear sin prisa.
La Huasteca Potosina: selva, cascadas y un jardín surrealista
El estado de San Luis Potosí tiene algo que pocas capitales del mundo pueden decir: a cuatro horas en carro de la ciudad colonial más seca del Altiplano hay cascadas de agua turquesa, selva tropical y ríos que atraviesan cañones de caliza. La Huasteca Potosina —la región oriental del estado, donde la Sierra Madre baja hacia el Golfo— es uno de los destinos naturales más espectaculares de México.
La Cascada de Tamul, con sus 105 metros de caída libre sobre el río Santa María, es la más alta del país; se llega en lancha por el Río Gallinas y el trayecto por entre paredes de roca es ya la excursión. El Parque Las Pozas de Edward James, en Xilitla, es un jardín escultórico surrealista construido entre 1962 y 1984 por el mecenas inglés en medio de la selva: torres y arcos de concreto cubiertos de lianas, estanques y cascadas artificiales que se funden con la vegetación tropical. Tamasopo, Minas Viejas y El Meco completan un circuito de cascadas que los potosinos conocen bien y recomiendan con orgullo territorial.
Real de Catorce y el desierto huichol
A 170 kilómetros de la capital, por la estepa del Altiplano, está Real de Catorce: un pueblo que en el siglo XIX fue uno de los mayores productores de plata del mundo, llegó a 40.000 habitantes y se vació en una generación cuando las minas se agotaron. Hoy tiene unos 800 habitantes permanentes y se llega por un túnel de 2,3 kilómetros excavado en la montaña que era la entrada a las minas. Las calles empedradas, las casas en ruinas y la basílica de San Francisco de Asís —adonde cada año llegan miles de peregrinos y miembros del pueblo wixáritari (huichol) que consideran sagrado el desierto de Wirikuta— dan al pueblo una atmósfera que no tiene equivalente en México.
El desierto de Wirikuta, donde crece el peyote y donde los huicholes realizan sus peregrinaciones anuales de purificación, rodea Real de Catorce. La tensión entre esa sacralidad, el turismo nuevo age, los proyectos mineros y los derechos indígenas es uno de los debates más intensos del estado y sale regularmente en la conversación potosina.
Las enchiladas y la industria
La cocina potosina tiene su emblema en las enchiladas potosinas: tortillas de maíz teñidas con chile ancho, rellenas de queso fresco y servidas con lechuga, cebolla y crema. No son las enchiladas que conoce el resto del país; son más pequeñas, más secas y con un sabor propio que los potosinos defienden como lo más representativo de su gastronomía. Los tacos potosinos de la plaza —con guajolote, papa con chorizo, requesón— y las gorditas rellenas completan ese menú de mercado.
El otro pilar de la economía potosina moderna es la industria automotriz: BMW instaló su planta en San Luis Potosí en 2019 y produce ahí para todo el continente; GM, FM, Bosch y decenas de proveedores completan un clúster manufacturero que atrae trabajadores de toda la república. La UASLP —una de las universidades más antiguas del Altiplano, fundada en 1624— aporta el polo universitario. El Parque Tangamanga, con sus 450 hectáreas de parques, lagunas y ciclopistas, es el pulmón verde donde se cruzan los mundos.
Consejos para chatear
El potosino tiene un trato tranquilo y amable, con el acento altiplano seco y educado. La ciudad combina el orgullo colonial con una mentalidad industrial moderna, y eso da conversaciones variadas: desde el debate sobre Real de Catorce hasta las recomendaciones de tacos. No compartas datos personales con desconocidos y si quedan en persona, la Plaza de Armas o el Parque Tangamanga son los puntos de referencia de la ciudad.