La capital del vino boliviano
Tarija es la única ciudad de Bolivia que puede presumir de una industria vitivinícola propia y consolidada: los valles de los Cintis y el propio valle de Tarija producen vino a una altitud de entre 1.700 y 3.000 metros sobre el nivel del mar, lo que da a los caldos una acidez y una concentración aromática que los enólogos llaman «vinos de altura». Las bodegas tarijeñas —Aranjuez, Campos de Solana, Kohlberg, La Cabaña— exportan a Argentina, Brasil y Europa, y el turismo enológico es uno de los motores económicos del departamento. La Fiesta de la Vendimia, en febrero o marzo según el año, transforma la ciudad en un carnaval vinícola con coronación de reina, desfile de carretas y degustaciones en la plaza Luis de Fuentes.
El vino no es el único cultivo del valle tarijeño: los pimientos, duraznos, manzanas y nueces que crecen en los huertos de la quebrada dan a los mercados locales una oferta que el resto de Bolivia mira con envidia. El clima suave y soleado —más de 300 días de sol al año— que convirtió este rincón del sur en el granero frutal del país es el mismo que les valió el apodo andaluz a sus habitantes.
La fiesta de San Roque y la identidad chapaca
El primer domingo de septiembre Tarija vive su fiesta grande: la procesión de San Roque, patrono de los enfermos y peregrinos, en la que cientos de promesantes vestidos de colorado —el color del santo— recorren las calles descalzos o de rodillas cumpliendo mandas. La procesión va acompañada de música de caja y violín, danzas de la rueda y coplas en chapaco, esa variante del español rural que mezcla giros andaluces, quechuas y guaraníes en frases que los tarijeños de fuera de la ciudad ya no siempre entienden.
La identidad chapaca es uno de los temas más vivos en la sala de Tarija: quién es chapaco de verdad, cómo se diferencia del cambá del Oriente o del colla del altiplano, qué significa crecer en esta ciudad que mira más hacia el norte argentino que hacia La Paz. El departamento de Tarija bordea con Argentina por tres provincias —Salta, Jujuy, Bermejo— y ese vínculo económico y familiar es constante en la conversación.
La quebrada tarijeña y el parque Dorado
La ciudad de Tarija se asiende en un valle rodeado de serranías y quebradas que bajan del altiplano andino hacia el Chaco: la Quebrada de Canasmoro, el Cañón del Pilaya, las cuevas de Umatreyl con sus pinturas rupestres. El parque nacional Serranía del Iñao, al norte, guarda bosques yungueños y fauna que incluye al oso de anteojos y al puma. La proximidad del Chaco hacia el este significa que Tarija es una de las pocas ciudades del mundo donde se puede desayunar en clima andino y llegar a zona chaqueña seca y caliente en dos horas de carretera.
El cerro de la Soledad, que se alza sobre la ciudad, es el mirador natural más frecuentado: desde ahí se ve el caserío de tejados rojos y torres coloniales que dan a Tarija su carácter provinciano y tranquilo, tan distinto del bullicio de Cochabamba o Santa Cruz.
Consejos para chatear
Tarija tiene el carácter abierto y hospitalario que sus habitantes atribuyen al clima y al vino: la gente habla de frente y recibe bien a los de afuera. La sala conecta tarijeños de los diferentes barrios —la zona norte nueva, el centro histórico, el barrio de San Roque— con estudiantes universitarios de la UAJMS y con los bolivianos del interior que llegaron a trabajar en el agro o en la construcción. No compartas datos personales con desconocidos.