El Guatapurí, el acordeón y el orgullo vallenato que lo impregna todo en la sala
El chat de Valledupar junta a gente de la capital del Cesar, una ciudad de casi medio millón de personas enclavada entre la Sierra Nevada de Santa Marta al norte y la Serranía del Perijá al este, a orillas del río Guatapurí. No es una ciudad cualquiera: es la cuna del vallenato, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2015, y eso lo cambia todo. La música no está de fondo: está en el centro. Un vallenato a través de los altavoces de un negocio, un acordeón que suena en una casa del barrio, alguien tarareando un paseo mientras espera el bus. Por eso en la sala de chat aparece gente que habla del Festival con la misma naturalidad con que en otra ciudad hablarían del fútbol.
El perfil de quien entra es muy variado. Están los vallenatos de toda la vida, orgullosos de su identidad musical y dispuestos a explicarle al mundo por qué el vallenato es la música más grande que existe. Están los universitarios —Valledupar tiene una vida académica activa y joven— buscando compañeros, planes o simplemente charla. Están quienes llegaron de municipios del Cesar como Aguachica, Villanueva o La Paz para estudiar o trabajar. Y hay una presencia notable de gente que llega al Festival —a finales de abril o principios de mayo— y que entra a la sala buscando recomendaciones o simplemente para compartir la emoción de estar en el lugar donde nació todo esto.
El río Guatapurí es el corazón físico de la ciudad. Baja frío desde la Sierra Nevada y en sus orillas —sobre todo en el balneario Los Besitos y en la zona del parque lineal— la gente se baña, se reúne y pasa el día. En una ciudad con un calor tropical extremo que puede superar los 38 grados, el Guatapurí es un alivio casi sagrado. La figura de Diomedes Díaz, “El Cacique de La Junta”, el cantante de vallenato más vendido de la historia de Colombia, nació en La Junta, un municipio del Cesar, y es el gran referente cultural de la región. Su nombre sale en la sala con respeto y afecto, como quien habla de alguien de la familia.
Las tardes del Cesar y el finde desde el jueves con el Festival siempre en el horizonte
Las horas fuertes son la tarde-noche entre semana, cuando la gente sale del trabajo o de clases y el calor da un respiro relativo. Los fines de semana desde el jueves se animan más, con planes de salida, el río y los parques. Pero la temporada de mayor actividad en la sala es sin duda la semana del Festival de la Leyenda Vallenata: la ciudad se llena de visitantes, el ambiente es único y la sala recoge esa energía. En Festival, la conversación gira alrededor del concurso de acordeoneros —el evento central, donde se elige al Rey Vallenato—, los conciertos nocturnos, los piquetes entre aficionados de distintos candidatos y las recomendaciones de dónde dormir, dónde comer y cómo moverse por una ciudad que se multiplica en esos días.
El mote de queso, Diomedes Díaz, el Festival de la Leyenda Vallenata y el Guatapurí para el calor
El vallenato y el Festival son el eje: el último Rey Vallenato, los candidatos del año, si tal acordeonero toca mejor el paseo o el son, qué compositor merece más reconocimiento. Diomedes Díaz aparece con regularidad, igual que Carlos Vives —nacido en Santa Marta pero quien llevó el vallenato al mundo— como figura que genera conversación entre orgullo y matices. El río Guatapurí y sus balnearios dan charla de planes, sobre todo en temporada seca. La gastronomía es otro tema recurrente: el mote de queso —el plato más representativo de la región, con ñame y queso costeño—, el sancocho de gallina, el enyucado dulce, la chicha de maíz y la viuda de pescado que se prepara en las orillas del río.
El calor extremo es tema de todos los días, con el mismo humor resignado y costeño. La Sierra Nevada visible desde la ciudad —que en Valledupar se siente como una presencia constante al norte— sale en conversación con frecuencia. El fútbol también tiene su espacio, aunque el vallenato suele ganarle terreno en el debate. Y los que no son de aquí preguntan cómo llegar, cuándo ir y qué hacer más allá del Festival, porque Valledupar tiene una vida propia que va mucho más allá de esos cinco días de abril.
Consejos para chatear
Rompe el hielo con algo concreto: pregunta por el Festival, por una canción de Diomedes, por el balneario del Guatapurí o por dónde comer mote de queso y tendrás conversación asegurada. El vallenato es de un orgullo muy genuino —no es pose, es identidad real—, así que si vienes de fuera y te acercas con respeto y curiosidad genuina, la respuesta será muy cálida. No compartas datos personales como tu dirección, tu número o tus redes con quien acabas de conocer; tómate tu tiempo. Y si surge un plan, elige un lugar público y concurrido —el parque lineal del Guatapurí, una plaza, un asadero conocido— y avisa a alguien de confianza de dónde vas. Con sentido común, el chat de Valledupar es una buena puerta para conocer gente en la cuna del vallenato.