El bazar de Colombia: comercio sin fronteras
Maicao nació como punto de acopio y redistribución en la ruta comercial entre el Caribe colombiano y Venezuela, y ese ADN mercantil lo define todo: el centro de la ciudad es esencialmente un mercado persa al aire libre donde se vende de todo —electrónicos, ropa, perfumes, whisky, gasolina venezolana, artesanía wayuu, telas importadas— en tiendas que abren desde las seis de la mañana y no cierran hasta las nueve de la noche. Las calles comerciales de Maicao tienen un ritmo que no existe en ninguna otra ciudad colombiana del mismo tamaño.
El comercio de Maicao ha dependido históricamente del diferencial de precios con Venezuela: cuando el bolívar venezolano era fuerte, los venezolanos cruzaban a comprar en pesos colombianos; cuando el peso fue más débil, el flujo se invertía. En los años de bonanza petrolera venezolana, Maicao prosperó exportando electrónicos y productos manufacturados colombianos hacia Venezuela. La crisis venezolana de los últimos años convirtió ese flujo en migración: decenas de miles de venezolanos pasaron por Maicao en su camino hacia el interior de Colombia, y muchos se quedaron.
La comunidad árabe y la mezquita más grande de América del Sur
Maicao tiene la comunidad árabe más numerosa de Colombia y la segunda mezquita más grande de América del Sur: la Mezquita Omar Ibn Al-Jattab, construida en 1997 con fondos de la comunidad libanesa y capaz de albergar a más de 2.000 fieles, es un edificio imponente con minaretes blancos en el centro de la ciudad. Los primeros migrantes libaneses llegaron a Maicao a principios del siglo XX huyendo de la inestabilidad del Imperio Otomano y encontraron en el comercio guajiro un entorno familiar a sus tradiciones mercantiles.
Los descendientes de esa migración —apellidos Char, Nasser, Fakeh, Dib, Mrad— son hoy parte del tejido comercial y político de La Guajira y de Colombia: el senador Char, el ex alcalde de Barranquilla Alejandro Char y varias familias empresariales colombianas tienen sus raíces en Maicao. La mezquita, el restaurante de falafel y hummus del centro y las tiendas con nombres en árabe son señas de identidad que sorprenden al visitante que llega desde el interior del país.
La cultura wayuu y la mochila de colores
El pueblo wayuu, que habita la península de La Guajira desde mucho antes de la llegada española, tiene en Maicao uno de sus puntos de comercio más activos: las artesanas wayuu venden sus mochilas —bolsos tejidos a mano con hilos de colores vivos en patrones geométricos que cuentan historias y significados cosmológicos— en los mercados y a lo largo de la Troncal del Caribe. La mochila wayuu se exporta a todo el mundo y es el producto artesanal más reconocible de Colombia en los mercados internacionales.
La cultura wayuu tiene sus propias autoridades, sus propios mecanismos de justicia y su propia visión del territorio: el desierto de La Guajira no es para ellos un espacio hostil sino el hogar donde sus clanes matrilineales han pastoreado cabras y chivos durante siglos. La relación entre las instituciones del Estado colombiano y las autoridades wayuu es compleja y permanente, y ese tema aparece en las conversaciones de los maicaeros que navegan a diario entre dos mundos.
Consejos para chatear
Maicao tiene la intensidad y el cosmopolitismo que dan los siglos de comercio y mezcla cultural: árabe, wayuu, venezolano, colombiano de todas las regiones conviven con una naturalidad que sorprende. La sala conecta maicaeros del centro comercial y los barrios residenciales con los rioacheros y guajiros de la costa y con la diáspora que emigró a Barranquilla o Bogotá. No compartas datos personales con desconocidos.