La ciudad perfecta que Woody Allen describió en el Campoamor
En octubre de 2002, Woody Allen recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en el Teatro Campoamor de Oviedo. En su discurso dijo algo que Oviedo lleva repitiendo desde entonces: que la ciudad era “una delicia, un sueño, demasiado bonita para ser real”. Añadió que le sorprendía que no fuera más conocida, que era como un secreto que los asturianos guardan con cierta complicidad.
Hay una estatua de bronce de Woody Allen en la calle Milicias Nacionales, con gafas y bufanda, igual que el personaje que podría interpretar en una película ambientada aquí. Y es que Oviedo tiene la colección de estatuas urbanas de bronce más densa del norte de España: La Regenta, el vendedor de periódicos, la regidora, el maestro… Personajes de tamaño natural integrados en las aceras del centro como si llevaran aquí toda la vida. Los oviedenses pasan a su lado sin mirarlos; los visitantes se paran a fotografiarse con todos.
Los Premios Princesa y la conexión histórica con la monarquía española
Cada octubre, Oviedo se convierte durante una semana en el centro cultural y científico de España. Los Premios Princesa de Asturias —llamados Príncipe de Asturias hasta 2014, cuando Leonor heredó el título— reconocen la excelencia mundial en ocho categorías: artes, letras, ciencias sociales, comunicación, humanidades, investigación científica, cooperación internacional y deportes. Los premiados llegan al Teatro Campoamor para una ceremonia de gala presidida por la familia real que se retransmite en directo por televisión.
La conexión no es casual. El título “Príncipe o Princesa de Asturias” lo lleva el heredero a la Corona de España desde el siglo XIV, y Asturias es además el origen simbólico de la monarquía española: fue en el Reino de Asturias, fundado en el siglo VIII tras la invasión musulmana, donde comenzó la Reconquista con la batalla de Covadonga (722). Oviedo fue capital de ese reino y guarda en su Catedral las reliquias que los reyes asturianos custodiaban como símbolo de legitimidad.
La Catedral, la Cámara Santa y el prerrománico asturiano
La Catedral de San Salvador de Oviedo es una de las catedrales góticas más completas del norte de España, pero lo que la hace única en el mundo está en su interior más antiguo: la Cámara Santa, una capilla prerrománica del siglo IX declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Dentro se guardan el Santo Sudario —que la tradición considera el paño que cubrió el rostro de Cristo— y el Arca Santa, un cofre de madera cubierto de plata y marfil que los reyes asturianos llevaron consigo al huir de Toledo en el siglo VIII.
Pero la joya prerrománica de Oviedo no está solo en la catedral. A tres kilómetros del centro, en el monte Naranco, se alzan Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo: dos edificios del siglo IX que forman parte del conjunto de monumentos prerrománicos asturianos reconocido por la UNESCO. Son de una elegancia arquitectónica que no tiene equivalente en Europa para su época: arcos peraltados, ventanas con celosías de piedra calada, proporciones que adelantan el románico varios siglos. El prerrománico asturiano es, literalmente, único en el mundo.
Fabada, cachopos, moscovita y el ritual de la sidra
La gastronomía asturiana tiene en Oviedo su versión más de ciudad: menos ruidosa que en Gijón, más íntima, con llagares en callejuelas del casco antiguo donde el escanciado de la sidra es el ritual de rigor. El escanciador levanta la botella hasta la altura de la cabeza y la deja caer en chorro fino sobre el vaso que sostiene bien abajo: el golpe oxigena la sidra, suaviza la acidez y crea la espuma que hay que beber de un trago antes de que se pierda. En Oviedo lo hacen los camareros, los clientes y hasta los turistas a los que la sidra se les escapa a medio camino.
La fabada asturiana —fabes blancas grandes con compango: chorizo, morcilla y lacón— es el plato que define la cocina del interior de Asturias, más contundente que la de costa. Los cachopos son la otra seña: dos filetes de ternera empanados con jamón y queso en el interior, tan grandes que suelen compartirse. Y para el postre, la moscovita ovetense: una tarta de chocolate y almendra que solo se encuentra en Oviedo y que las pastelerías del centro venden por piezas desde principios del siglo XX. Las 6.366 visitas que acumula el chat de Oviedo y los 66 votos positivos hablan de una ciudad que genera conversación: sobre todo eso, sobre el tiempo que siempre amenaza y sobre los debates eternos que solo entiende quien vive aquí.