Los Portales, el Cosmovitral y la dualidad mexiquense: ciudad propia y puerta a CDMX
El chat de Toluca junta a gente de una ciudad que presume de altitud —casi 2,680 metros sobre el nivel del mar, de las capitales estatales más altas de México— y de un ritmo de vida marcado por la industria, la universidad y la proximidad a la Ciudad de México. En la sala conviven universitarios de la UAEM con sus horarios caóticos de clases, trabajadores de las plantas automotrices de Toyota y Chrysler instaladas en el corredor industrial de Lerma y Toluca, y gente que hace el trayecto diario a CDMX porque Toluca y la capital están a apenas 65 kilómetros. Esa dualidad —ciudad propia con identidad fuerte, pero con un ojo siempre puesto en el DF— sale constantemente en la conversación.
Por barrios y zonas se nota el perfil de quien escribe. La gente del centro histórico habla de los Portales, de la catedral, de la Plaza de los Mártires y del Cosmovitral como si fueran el centro del mundo —y en cierto modo lo son, porque ese edificio art nouveau con sus enormes vitrales de colores es el ícono de la ciudad que todo toluqueño lleva en el corazón. Los que viven en colonias como Las Américas, Morelos o Pilares aportan una conversación más de barrio: dónde está el mejor taquero, qué mecánico cobró bien y qué feria de pueblo vale el desvío. La zona de San Buenaventura y los municipios conurbados como Metepec —con su mercado de artesanías y su vida de clase media con pretensiones de ciudad boutique— suman un tono diferente.
El perfil de edad es variado pero con mucho peso universitario. La UAEM tiene campus repartidos por la ciudad y genera una comunidad grande de jóvenes de entre 18 y 25 años que buscan compañeros de clase, equipos de estudio o simplemente alguien con quien salir el fin de semana sin tener que meterse en el tráfico de la carretera a México. Hay también gente de treinta y pico, muchas veces profesionistas que trabajan en la zona industrial o en el gobierno estatal, y veteranos toluqueños que recuerdan la ciudad de antes y no pierden oportunidad de mencionarlo.
Las tardes de semana y los días de partido de los Diablos Rojos en el Nemesio Díez
Las horas fuertes caen en la tarde-noche entre semana, cuando la gente regresa de clases o del trabajo, y en los fines de semana desde el jueves por la noche. Las mañanas son más tranquilas: charlas pausadas, alguien que trabaja desde casa y tiene un rato libre, o estudiantes en hora libre antes de entrar a la UAEM. Si entras un sábado por la mañana, hay movimiento asociado al mercado y a quien va al Mercado Juárez o al Mercado 16 de Septiembre a comprar su chorizo tolqueño de la semana —y de ahí sale conversación gastronómica.
Los días de partido de Toluca FC en el Nemesio Díez mueven la sala de manera especial. Antes del partido hay pronósticos y apuestas de café; durante el descanso, alguien siempre escribe desde la tribuna con el teléfono; después del pitazo final, la sala se llena de análisis, quejas con el árbitro y algún clásico “el próximo torneo sí” cuando el resultado no acompañó. Los Diablos Rojos son un tema de identidad para muchos toluqueños, no solo de afición.
En enero y febrero, con el frío más crudo, hay más gente conectada por las noches: nadie quiere salir a la calle con esas temperaturas y la sala se convierte en una especie de plaza cubierta donde se comenta el clima, se recomienda dónde tomar un chocolate caliente en los Portales y se hacen planes para cuando escampe.
El chorizo verde, los Diablos Rojos del Toluca y el Nevado de Xinantécatl para el fin de semana
El chorizo tolqueño es quizás el tema gastronómico más recurrente. Toluca se llama a sí misma “Cuna del Chorizo” y sus habitantes lo defienden con orgullo: el debate de qué puesto del Mercado Juárez tiene el mejor chorizo verde, si el rojo o el verde es superior, o cómo prepararlo para que no quede seco, puede llenar varios minutos de chat sin problema. La gastronomía local también saca a pasear las carnitas estilo Estado de México, los tamales, el pan de pulque y los dulces típicos de la región.
El Nevado de Toluca —el Xinantécatl— aparece cada vez que alguien tiene el fin de semana libre. Subir al volcán a 4,680 metros y asomarse a las lagunas del Sol y la Luna en el cráter es la excursión clásica de cualquier toluqueño, y en la sala siempre hay alguien planeando la subida o contando la última vez que fue. Salen los consejos de rigor: que hay que llevar ropa de abrigo aunque en la ciudad haga sol, que el camino se pone resbaloso con la lluvia, que conviene salir temprano para evitar la neblina.
El Cosmovitral es orgullo colectivo. Pocas ciudades del tamaño de Toluca tienen un edificio de vitrales art nouveau de esa magnitud en el centro, y los toluqueños lo saben. Si alguien de fuera pregunta qué visitar, el Cosmovitral siempre es lo primero. Los Portales del centro, con sus arcos de piedra rosada y sus puestos de comida, son el segundo lugar obligado en la recomendación.
La UAEM genera una capa continua de conversación: convocatorias abiertas, fechas de examen, protestas estudiantiles, y la pregunta clásica de qué carrera estudiar en la autónoma si uno es de Toluca. El frío y la neblina son casi un tema de identidad: los toluqueños bromean con que la ciudad tiene más días de niebla que un pueblo inglés y que CDMX les parece cálida en comparación.
La relación con la Ciudad de México es un tema que divide. Hay quien trabaja allá y regresa cada día por la autopista —y la hora y media de camino cuando hay tráfico en la Toluca-México es tema de queja permanente—, y quien prefiere reivindicar que Toluca tiene todo lo que uno necesita sin el caos capitalino. El debate sobre si es mejor quedarse o irse a vivir a CDMX sale bastante, especialmente entre universitarios que están terminando la carrera.
Consejos para chatear
Rompe el hielo con algo concreto y local: pregunta por el último partido de los Diablos Rojos, por dónde tomar un buen chocolate caliente cerca de los Portales, o si alguien ha subido al Nevado recientemente. En Toluca la identidad local es fuerte y mencionar algo específico de la ciudad abre conversación mucho más rápido que un saludo genérico.
Con el tema del chorizo sé respetuoso —bromas hay, pero el orgullo es real y a nadie le hace gracia que alguien de fuera lo menosprecie. Lo mismo con los Diablos Rojos: si no eres del equipo, no pasa nada, pero conviene tener al menos una opinión informada sobre el último torneo si quieres que la conversación fluya. El fútbol es cultura aquí, no solo deporte.
Cuida los datos personales como en cualquier chat: el nick de invitado es suficiente para empezar, y no hay que dar número de teléfono, colonia ni lugar de trabajo a quien acabas de conocer. Si la conversación avanza y surge quedar en persona, los Portales o el área del Cosmovitral son puntos de encuentro públicos y bien conocidos donde siempre hay gente. Avisa a alguien de confianza de dónde vas, elige un lugar concurrido y disfruta de conocer a gente de una ciudad que tiene mucho más carácter del que parece desde fuera.