La encrucijada del Mediterráneo
Palermo fue fundada por los fenicios en el siglo VIII a.C. y sucesivamente dominada por cartagineses, romanos, vándalos, ostrogodos, bizantinos, árabes, normandos, suevos, angevinos, aragoneses y borbónicos. Ninguna otra ciudad del Mediterráneo occidental concentra tantas capas históricas en tan pocos kilómetros cuadrados, y esa sedimentación de culturas —cada una dejando su arquitectura, su gastronomía y su carácter— hace de Palermo una de las ciudades más fascinantes y más contradictorias de Europa.
El período árabe-normando (siglos IX-XII) es el que más huella dejó en la Palermo visible: la Cappella Palatina en el Palazzo dei Normanni —con sus mosaicos de oro bizantinos sobre fondo árabe— y la Cattedrale con su mezcla de estilos que va del árabe al barroco son las joyas del mundo árabe-normando que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad en 2015. Esa fusión de la cultura árabe y la normanda del norte de Francia en la Sicilia del siglo XII produjo uno de los experimentos culturales más extraordinarios de la Europa medieval.
Los mercados históricos
Los mercados de Ballarò y la Vucciria son la Palermo viva que los turistas buscan y que los palermitanos frecuentan a diario: el Ballarò —el más antiguo y el más grande de los mercados palermitanos, activo desde hace más de mil años— tiene sus puestos de pescado del Mediterráneo (ricci di mare, gamberi, pesci spada), de verduras y frutas sicilianas (los pomodori di Pachino, el finocchietto selvatico), y de los vendedores ambulantes con sus puestos de arancine (bolas de arroz fritas rellenas de carne o queso), il panino con la milza (el sándwich de bazo de ternera frito en manteca), y las stigghiole (intestinos de cordero a la brasa con cipolla y limone) que el estómago débil no debe probar.
La Vucciria —el mercado histórico del centro de Palermo, hoy menos vivo de día pero transformado en el corazón nocturno de la ciudad con sus bares y sus vendedores de noche— tiene en la piazza San Domenico su escenario: los jóvenes palermitanos se reúnen allí a beber con las botellas en la mano, con la música que sale de los bares y con el ruido de la ciudad que en Palermo nunca para del todo.
La gastronomía siciliana
La gastronomía siciliana es la más rica y compleja de Italia, resultado de esa fusión de culturas mediterráneas: los árabes trajeron el azúcar de caña, las almendras, el cous cous del norte de África y los sorbetes (el antecesor del gelato); los normandos aportaron las técnicas de la cocina del norte; los españoles trajeron el chocolate y el tomate desde América. El resultado es una cocina de contrarios que mezcla lo dulce y lo salado con una naturalidad que las cocinas del norte italiano no tienen.
Los cannoli siciliani —los tubos de pasta fritos rellenos de ricotta dulce con gotas de chocolate o cítricos confitados— son el postre siciliano por excelencia. La granita —el hielo granulado con jarabe de almendra, limón, pistachio o caffè servida con una brioche caliente— es el desayuno siciliano que hace que los palermitanos miren con lástima a quien desayuna solo café.
Consejos para chatear
Palermo tiene el carácter del sur italiano mediterráneo: apasionado, hospitalario con el desconocido, con el orgullo de pertenecer a la región que ha dado más sabor a la cultura italiana que cualquier otra. La sala conecta hispanohablantes en Sicilia con orientación sobre trámites, trabajo y vida en el sur de Italia. No compartas datos personales con desconocidos.