La capital europea del sur de Brasil
Curitiba tiene una historia de inmigración que la distingue del resto de Brasil: mientras el nordeste y el sudeste recibieron fundamentalmente africanos e inmigrantes portugueses e italianos para la industria cafetera, Paraná fue colonizado en el siglo XIX y comienzos del XX por oleadas de inmigrantes europeos —italianos del Véneto y Friuli, alemanes de Pomerania y Renania, ucranianos y poloneses de Galicia, japoneses de Okinawa— que llegaron a colonizar tierras y que fundaron comunidades enteras que mantuvieron su idioma y sus costumbres durante generaciones.
Esa diversidad étnica se refleja en la arquitectura de Curitiba: el Memorial Ucraniano en el Bosque Ucraniano (con su iglesia ortodoxa de madera construida con técnica tradicional), el Memorial Polonês con el castillo de piedra, el Parque Tingüi con la iglesia ucraniana, la Colônia Witmarsum menonita a 80 kilómetros de la ciudad. No hay otro lugar en Brasil donde la identidad cultural centroeuropea sea tan visible en el paisaje urbano.
El transporte público y el urbanismo modélico
Curitiba tiene fama mundial por su sistema de transporte público: el sistema BRT (Bus Rapid Transit) con sus estaciones tubo y sus buses articulados rojos que funcionan como un metro a nivel de calle, diseñado por el arquitecto Jaime Lerner en los años setenta cuando era alcalde de la ciudad. El sistema de Curitiba fue durante décadas el modelo de referencia para ciudades latinoamericanas que querían mejorar su transporte colectivo sin el costo de un metro subterráneo.
Los parques de Curitiba son otro punto de orgullo: el Jardim Botânico, con su estufa de vidrio art nouveau que es la postal más famosa de la ciudad; el Parque Barigüi con su lago y el museo del automóvil; el Parque São Lourenço con sus 225.000 m² de verde en plena ciudad. Curitiba tiene 26 metros cuadrados de área verde por habitante, uno de los índices más altos de América Latina.
El frío y la cultura gaúcha
Curitiba es fría para parámetros brasileños. El invierno paranaense —con olas de frío que vienen del sur y que en las madrugadas de julio pueden llegar a 0°C— hace de Curitiba la única gran ciudad de Brasil donde la gente habla del frío con la naturalidad con que en São Paulo se habla del tráfico. Las fotos de curitibanos bajo la rare nevada de invierno circulan cada año por las redes sociales con el orgullo de quien vive en el sur.
El chimarrão —la mate amarga tomada en la cuia, el recipiente de porongo, con la bomba de metal— es la bebida del sur del Brasil que los curitibanos comparten con sus vecinos del Rio Grande do Sul y los argentinos del litoral: se toma caliente, se comparte en rueda, y requiere una técnica específica para preparar la yerba correctamente. El chat de Curitiba habla del chimarrão con la misma seriedad con que el nordeste habla del forró: es parte de la identidad cultural del sul.
El churrasco gaúcho —la técnica de asar la carne en espetinhos verticales sobre brasa de carbón de madera, que es diferente del churrasco paulistano de la churrasqueira horizontal— tiene en Curitiba y el sul de Brasil su estilo propio: la picanha (la parte de la tapa de cuadril), o fraldinha y o cupim asados con sal grosso son los cortes del churrasco sureño.
Atletico PR, Coritiba y el Coxa-Furacão
El clásico paranaense entre Coritiba («el Coxa», de los «coxas-brancas») y Athletico Paranaense («el Furacão», el huracán) es una de las rivalidades más apasionadas del fútbol del sul. El Athletico —campeón de la Copa Sudamericana en 2018 y 2021— ha sido en los últimos años el club más destacado del estado. El estadio Arena da Baixada, reformado para el Mundial 2014, es una de las mejores instalaciones del fútbol brasileño.
Consejos para chatear
Curitiba tiene el carácter del sul: directo, organizado, con el orgullo del europeu tropical que no tiene nada del estereotipo del calor brasileño. La sala es buena para hablar del frío, del chimarrão, del churrasco, del fútbol paranaense y de los planes para los parques del fin de semana. Não compartilhe dados pessoais com desconhecidos.