La Cidade Maravilhosa
Rio de Janeiro tiene algo que ninguna otra ciudad del mundo puede reclamar con la misma convicción: la geografía más espectacular de cualquier ciudad grande de la Tierra. El Pão de Açúcar sobre la entrada de la bahía. El Corcovado con el Cristo Redentor visto desde todos los puntos de la ciudad. Las playas de Ipanema y Copacabana con el asfalto del calçadão y el mar a un paso. La Floresta da Tijuca —la selva tropical más grande del mundo dentro de una ciudad— que cubre los cerros entre los barrios. La laguna Rodrigo de Freitas. Las favelas que trepan por los morros entre el verde. Todo esto comprimido en una franja entre el mar y las montañas que hace de Rio una experiencia visual que deja una impresión permanente.
El carioca —el habitante de Rio— tiene una reputación por disfrutar la vida, y no es inmerecida. La cultura del corpo —el cuerpo como proyecto estético y como herramienta social— hace de Ipanema y Copacabana playas donde la presentación y la confianza corporal son lenguaje. El footvolley —la mezcla de fútbol y vóley que se juega en la arena sin manos— es un deporte carioca que requiere un dominio técnico del balón comparable al fútbol de élite. El ritmo de la cidade es más lento que São Paulo, más dado al boteco (el bar de barrio con chopp frío y petisco), al pôr do sol en el Arpoador y a la conversa larga.
El Carnaval del Sambódromo
El Carnaval de Rio no es el Carnaval más grande del mundo en número de participantes —el de Salvador de Bahía lo supera— pero sí el más célebre, el más televisado y el que ha definido la imagen del Brasil para el mundo desde los años treinta. El Sambódromo Marquês de Sapucaí, diseñado por Oscar Niemeyer en 1984, es la pasarela de 700 metros por donde desfilan las escolas de samba —las asociaciones de barrio que llevan un año entero preparando el desfile— durante cuatro noches en febrero con carrozas de 12 metros, alas de 4.000 sambistas y un nivel de elaboración que convierte cada desfile en una obra de arte efímera.
Las escolas de samba —Mangueira con sus colores rosa y verde, Salgueiro con su rojo y blanco, Portela con azul y blanco, Vila Isabel y Beija-Flor— son instituciones populares con décadas de historia, presidentes de honra y campeonatos que en Rio tienen la importancia de un título mundialista. El chat de Rio en Carnaval —especialmente en la semana de los desfiles— está vivo con comentarios en tiempo real sobre qué escola lleva ventaja, cuál carro alegórico es el más espectacular y quién será la campeona.
El fútbol en el Maracanã
El Maracanã —el Estádio Jornalista Mário Filho— es el templo del fútbol brasileño y uno de los estadios más míticos del mundo. Construido para el Mundial 1950 con capacidad para más de 200.000 personas (hoy reducida a 78.000 por normativas de seguridad), fue el escenario del Maracanazo —la derrota de Brasil frente a Uruguay en la final del 50, el mayor trauma del fútbol brasileño— y de incontables clásicos cariocas.
Rio tiene cuatro grandes equipos que dividen a la ciudad: Flamengo (el equipo más popular de Brasil, con más de 40 millones de torcedores declarados), Fluminense (los aristocráticos «pó de arroz»), Vasco da Gama (el club de los portugueses y de los negros en la época del racismo) y Botafogo (el club de la derrota digna y el fatalismo carioca). El clásico Fla-Flu —Flamengo vs. Fluminense— es el duelo más asistido de la historia del fútbol mundial por número de espectadores acumulados.
Los morros y las favelas
Las favelas de Rio —Rocinha, Vidigal, Complexo do Alemão, Santa Marta— son parte inseparable de la ciudad y de su cultura. La samba nació en los morros. El funk carioca —el ritmo que hoy domina el pop brasileño y que ha influido en la música global— es una creación de las favelas de Rio. Los bailarinos, músicos y artistas que hacen la cultura carioca viven en muchos casos en los morros que se ven desde Ipanema.
El barrio de Santa Teresa —en un morro sobre el centro, conectado por el bonde eléctrico que sigue funcionando— tiene los bares de samba más auténticos, los ateliers de artistas y una vida nocturna donde la música en vivo empieza tarde y termina cuando el amanecer llega por sobre los cerros.
Consejos para chatear
El chat de Rio mezcla cariocas de todos los barrios —del asfalto y del morro— con brasileños de otros estados y con hispanohablantes que sienten fascinación por la Cidade Maravilhosa. La conversación en Rio tiene ritmo musical: palabras que se estiran, humor permanente, fútbol con pasión y una apertura para el desconocido que es marca carioca. No compartas dados pessoais com desconhecidos.