La ciudad más antigua de Francia
Marsella fue fundada en el año 600 a.C. por navegantes griegos de Focea —una ciudad de la costa jonia del Asia Menor— que buscaban rutas comerciales hacia el occidente mediterráneo y que encontraron en el puerto natural de la futura Massalia el lugar ideal: una bahía protegida de los vientos, agua dulce del río Huveaune y tierras cultivables en la Crau. Esa fundación griega hace de Marsella la ciudad más antigua de Francia por más de 700 años respecto a París.
La historia griega de Marsella se puede ver todavía: el Musée d’Histoire de Marseille, en el Centre Bourse, tiene colecciones de la Massalia griega con su ágora, sus ánforas y los restos del barco griego encontrado durante las obras del metro en los años setenta. El Lacydon —el puerto de los griegos, hoy el Vieux-Port— tiene la misma forma que hace 2.600 años, aunque hoy está lleno de veleros y barcos de pesca en lugar de triremes y mercantes de cerámica.
El Vieux-Port y la bouillabaisse
El Vieux-Port —el Puerto Viejo— es el corazón de Marsella: el rectángulo de agua que separa los dos flancos de la ciudad, con el Quai des Belges en el fondo donde cada mañana los pescadores venden su captura desde los barcos, el Fort Saint-Jean y el Fort Saint-Nicolas que guardaron la entrada al puerto desde el siglo XVII, y la fila de restaurantes y bares donde los marselleses pasan las tardes mirando las barcas.
La bouillabaisse —el guiso de pescado provenzal que nació como la sopa de los pescadores de Marsella que cocinaban los peces que no podían vender— tiene en Marsella su versión auténtica: rouille (la salsa de ajo y azafrán), croûtons tostados con el frotamiento del ajo, las piezas enteras de pescado rascasse, grondin, saint-pierre y otros peces de roca del Mediterráneo que dan al caldo su color amarillo de azafrán. La Charte de la Bouillabaisse marseillaise fija los ingredientes y el método que distingue la auténtica de la turística.
El OM y la pasión futbolera
El Olympique de Marseille —el OM, «L’OM» para los marselleses— es el club más popular de Francia y el único campeón de la Copa de Europa (Liga de Campeones 1993). El Stade Vélodrome —el estadio del OM, reformado para la Euro 2016 con su cubierta blanca que lo convierte en uno de los estadios más hermosos de Europa— tiene una hinchada que el Parc des Princes de París no puede igualar en intensidad: los South Winners, el principal grupo ultra del OM, llenan el Vélodrome de tifo y de ruido que se escucha desde kilómetros.
El clásico OM-PSG —Paris Saint-Germain— es el Clásico del fútbol francés: más que una rivalidad deportiva es la expresión de la antipatía histórica entre Marsella y París, la ciudad del sur que se siente marginada por el centralismo parisino y que descarga ese resentimiento centenario en noventa minutos de fútbol dos veces al año.
La diversidad marsellesa
Marsella es la ciudad más diversa de Francia: su historia de migraciones mediterráneas —italianos del siglo XIX, españoles de la Guerra Civil y del franquismo, argelinos después de la independencia en 1962, más recientemente comorianos y subsaharianos— ha creado una sociedad de capas culturales que el Panier (el barrio más antiguo de la ciudad) refleja en sus calles estrechas donde conviven sin síntesis forzada.
La comunidad española en Marsella tiene raíces en la migración republicana de los años treinta y cuarenta: los españoles que cruzaron los Pirineos huyendo del franquismo y que en Marsella encontraron trabajo en los muelles y la industria. Sus descendientes tienen ya tres o cuatro generaciones en la ciudad y una identidad hispanomarsellesa que mezcla el catalán, el castellano y el provenzal.
Consejos para chatear
Marsella tiene el carácter mediterráneo: ruidosa, directa, con el acento cantarín de Provenza y el orgullo del OM. La sala conecta hispanohablantes en el sur de Francia con orientación práctica y conversación sobre la ciudad más caótica y más viva de Francia. No compartas datos personales con desconocidos.